Construir un esquema diario estructurado favorece la tranquilidad mental y física. Pequeñas adaptaciones en tus horarios habituales generan grandes diferencias en tu bienestar general.
Tanto en labores de oficina como en esquemas de teletrabajo, permanecer estático por tiempos prolongados incrementa la rigidez corporal. Realizar pausas breves cada noventa minutos para caminar unos metros u observar por la ventana ayuda a relajar los músculos del cuello y la espalda.
Disponer de franjas horarias consistentes para iniciar las labores, consumir alimentos y desconectarse ayuda a que el organismo reconozca los momentos de actividad y los de descanso. El orden temporal evita la acumulación innecesaria de pendientes que saturan la noche.
El regreso a casa posterior al uso de autobuses, colectivos o transiciones en el metro de Medellín puede dejar una estela de estimulación sonora y física. Establecer un periodo de transición al llegar al hogar ayuda a amortiguar dicho impacto.
Se recomienda postergar el uso inmediato del televisor o el teléfono inteligente. Reemplazar esos estímulos por una charla amena con la vida familiar o unos momentos de respiración tranquila en la sala propicia que el cuerpo asimile el fin de las responsabilidades externas.